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LOS PECES DE LA AMARGURA

Regreso de nuevo a Fernando Aramburu, y por tanto regreso al País Vasco que la gran mayoría desconocemos, esa que nunca aparecía en televisión y de la que se empieza a hablar ahora, cuando ETA ha dejado de matar y parece que la sombra del miedo, si bien no ha desaparecido del todo, ha dejado entrar algo de luz tras demasiados años de oscuridad en Euskadi.
En Los peces de la amargura nos encontramos con diez relatos que comparten una misma temática, la vida en una tierra consumida por el terrorismo. Aramburu se adentra en diferentes casas, en diferentes ambientes, para narrarnos cómo los años hicieron mella en una sociedad que se fue consumiendo en el miedo, en el odio, en las rencillas, el silencio cómplice o la desesperación de ver cómo las garras de ETA desgarraban familias, de un lado y de otro. No se habla del porqué, ni del cómo, sino del día después, de la semana después, de los años posteriores al inicio del dolor. Se habla de ETA como una presencia asfixiante, un enorme monstruo que rige de manera omnipresente las vidas de quienes tienen la desgracia de cruzarse en su camino; y también de quien vive alrededor.
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EL IMAGINARIO MURAKANIANO: NAVEGAR EN AGUAS ONÍRICAS

Dicen que en la mayoría de las ocasiones en la vida no se trata de blanco o negro, de bueno o malo, de luz u oscuridad: en la mezcla, en los tonos grisáceos es dónde podemos encontrar lo más maravilloso de la existencia.

No es el caso de Haruki Murakami (Fushimi-ku, Kyoto, 1949), cuya nueva novela —De qué hablo cuando hablo de escribir— publicará la editorial Tusquets pocos días antes de la festividad de Sant Jordi, día del libro por antonomasia. Adorado por muchos y defenestrado por otros, parece que con el novelista japonés no pueden existir los sentimientos tibios, la equidistancia o el equilibrio. O te gusta o no lo soportas. El sempiterno aspirante al Nobel de Literatura —una suerte de Meryl Streep literario, pero de momento sin premio gordo— despierta las más enaltecidas de las pasiones al mismo tiempo que recoge críticas por un estilo que resulta tan personal como la propia percepción de los lectores a la hora de sumergirse en sus libros.

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