Día a día

Jueves 8/09

Si soy un firme defensor de los paseos por la ciudad, sea la que sea, es por conocimiento de causa.

Ayer descubrí un restaurante vegano. Lo había visto antes, un día que por casualidad saliendo del trabajo me dio por pasear por el Gòtic; concretamente por la plaza George Orwell, que los oriundos de la ciudad conocen con el sobrenombre de la plaza del tripi (creo que por haber sido y no sé si seguir siendo un mercado clandestino de “pastillas”) y que siempre está bulliciosa de actividad. Sin prestar demasiada atención a mi alrededor, ignoro el motivo por el cual justamente levanté la vista en el preciso momento que pasaba por delante de un restaurante vegetariano. Curioso eché una ojeada desde el exterior y me gustó. Me prometí que tenía que descubrirlo: eso quiere decir comer en él.

El local está decorado con espíritu vegetal. Tal vez sea esa la mejor definición posible. Los colores que predominan son el verde y el rojo, pasando por marrones y algún pizpireto toque amarillo aquí y allá. De ambiente más bien íntimo el restaurante cuenta con una carta atractiva, que me atrevo a decir sin saber que cambia día a día. En mi caso ayer probé un hummus de zanahoria con pan de pita, una hamburguesa de habas y seitán acompañada de unos pocos nachos y de postre un batido de varias frutas, de las cuales distinguí el plátano y la manzana.

La experiencia no pudo ser mejor. Todos los platos estaban riquísimos, y sobre todo sanos; cuando me los comía sentía que estaba nutriéndome de salud. No sé, cosas mías. Lo que más me sorprendió fue el precio, muy barato para la zona y para el estilo de cocina que se practica (por desgracia hoy en día todo lo vegetariano o vegano, en general, es más bien caro). Salí tan satisfecho del restaurante que mientras deambulaba por las estrechas y calurosas callejuelas del barrio camino de una presentación me dije: ¿Y por qué no meto este restaurante en mi rutina? Por supuesto, ¡era una idea fantástica!

Sólo quedaba escoger un día. Lo tuve fácil y prácticamente surgió espontánea la decisión: el viernes. Empezar el fin de semana de la mejor manera posible no sólo comiendo sino también descubriendo nuevos platos que poder cocinar en casa. Por ejemplo la hamburguesa de habas y seitán, que había visto en algunas tiendas veganas pero jamás compré; ahora sé que están ricas y puedo añadirlas a mi dieta con ganas. Me encanta la doble vertiente del lugar, la gastronómica per se y la didáctica.

Un día redondo: comí de lujo y más tarde disfruté de una bonita presentación literaria. Por si fuera poco, al caer la noche cené en un restaurante marroquí cerca de Encants, otro lugar maravilloso que tiene un cuscús acojonante. Otro día hablaré de él, porque tiene su miga en otros aspectos.

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