QUIERO SER (INSERTE AQUÍ SU NOMBRE)

Me gusta perderme por la FNAC —sí, se escribe con artículo femenino— porque ahí siento que el mundo es algo mejor. Y no lo digo por el aroma a consumismo que desprende cada rincón del centro comercial, una fragancia imperceptible que embriaga a cualquiera que se adentre en las tripas de semejante leviatán del capitalismo y dentro del cual, tarde o temprano, acaba por pagar por un libro, una película, un artículo estúpido que […]

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NI DE IQUIERDAS NI DE DERECHAS, DE PRÓXIMA CENTAURI

Sin tener en cuenta, o tal vez sí, lo tremendamente básica, extremista y poco estimulante que se está volviendo la sociedad en este nuevo milenio y siglo —empujada por una tecnología vanguardista e intervencionista hasta niveles orwellianos que nos convierte poco a poco en seres con cero iniciativas, por no hablar de individuos-ameba que sólo se mueven por instintos primarios—, vivimos tiempos de cambio en los que muchas de las decisiones que […]

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LOS LUNES A LA LLUVIA

Me suele pasar que, cuando llevo soportando varios días —semanas en este caso— con un tiempo inestable, mayormente nuboso y lluvioso, no puedo evitar que la falta de luz solar afecte de forma progresiva mi visión del mundo. Y lo hace de un modo negativo, porque por lo menos para mí los días grises y pasados por agua son aburridos, me quitan las ganas de salir de casa y en consecuencia […]

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¿LEER NOS HACE MÁS INTELIGENTES?

La pregunta tiene miga, y viene a colación de un artículo que apareció no hace muchos días en los medios escritos, en el cual un estudio de alguna universidad americana —parecen las únicas creíbles a la hora de hacerlos— el mero acto de leer no significaba ninguna modificación en la capacidad intelectual de quienes se dedicaban a este hermoso ejercicio. Y a mí me asaltan las dudas, pues la literatura —ya sea de ficción, poética, académica, filosófica…— ha dado grandes pensadores a la historia, aportando relatos que […]

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DE LO ZAFIO: «ME CAGO EN LA PUTA DE OROS»

«Me cago en la puta de oros».

Esta expresión, tan castiza, tan anticuada, se está convirtiendo en un mantra a mi alrededor. Recuerdo que la primera vez que apareció en mi vida fue a la tierna edad de cuatro o cinco años, mientras coloreaba un libro de Dragon Ball y mi abuelo —allá donde estés, te echo de menos, abuelo…— leía el periódico; de repente soltó tan elaborado exabrupto, que unido a su poderosa voz procedente de la Navarra más profunda consiguió que se quedara grabada a fuego en mi mente. Curiosamente la he usado muy pocas veces, quizás porque le tengo un cariño […]

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NOS CIERRAN LA BOCA Y SECAN NUESTROS CEREBROS

No hay, a juicio de un servidor que escribe, mayor indicador del progreso y salud de una sociedad que su capacidad para tolerar la libertad de expresión. Es una cuestión de Perogrullo, un concepto que hoy en día cualquier persona con dos dedos de frente no dudará en aceptar y defender a capa y espada. Es tan capital que artículos como éste no deberían ser escritos nunca más. La posibilidad de poder expresar nuestros pensamientos sin tapujos, poder promover todo tipo de debates y ejercer nuestro derecho a expresarnos ante el mundo que nos rodea constituye tal vez el mayor de los dones que puede tener el ser humano; definirse a sí mismo a través de sus propias ideas y opiniones.

Eso, a priori, debería ser lo que imperase en España. A los datos, fríos y subjetivos, me remito. Recordemos: país miembro de la Unión Europea, supuesta democracia contemporánea con cuarenta años de vida, pleno miembro del llamado Primer Mundo y país que presume de poseer los valores tolerantes, modernos y punteros de la civilización actual. En la vanguardia del nuevo milenio -no lo digo yo, no se cansan de llenarse la boca con ese discurso nuestra querida clase política- desde el primer día.

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LA NOCHE QUE TINDER SE DESMAYÓ

Sucedía alrededor de la medianoche de un 19 de febrero de 2018, una noche apacible en la costa catalana; Barcelona ya apagaba sus motores, dispuesta a permanecer unas horas en calma hasta que el nuevo día despertara la bestia que contiene en sus entrañas. Porque era la víspera de un lunes, el peor día para querer trasnochar.

M esperaba a que el sueño lo secuestrara, pero en esos precisos instantes su cabeza, frenética, no paraba de hacer consultas en el móvil en busca de todo tipo información ante la tremenda sacudida que su insulsa vida acababa de sufrir. Deslizaba el dedo por la pantalla como si fuera un florete de esgrima, tecleaba con velocidad de experto hacker y murmuraba improperios en voz baja.

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